Deriva

Otro de los trabajos del Taller de Escritura del CBA. David nos pidió que oyendo esta canción escribiéramos lo que nos inspiraba. Vaya por delante que yo no soy nada fan de Vetusta Morla y generalmente no me inspiran gran cosa 🙂

Hoy me he levantado, por fin, libre de todas las cuerdas que ataron a ti. He cogido impulso con mis pies y he subido hasta la superficie de ese estanque frío y viscoso en que me habías confinado a vivir.
No me vas a volver a matar.

Ya no. 

A lo largo del tiempo infinito en que fui tuya, dejé de apreciar hasta la calidad del aire, del agua que arrugaba mi piel. Las caricias que soñaba no fueron más que eso: sueños, porque en la realidad, en ese mundo en que tus tentáculos lo abarcaban todo, se convertían en latigazos que rasgaban de arriba a abajo mi voluntad. No me vas a volver a controlar.

Ya no.

Caricias de verdad, de las que curan el alma sin proponérselo, me hicieron ver mi muerte
inminente. Ya la vida no es más feliz porque tú la definas. Mi vida no.
He pasado miedo. He conocido la angustia, la frialdad de tus ojos impíos, que me ahogaban robándome el poco aire que llenaba mis pulmones.
Pero ya no me vas a volver a matar.

Ya no.

Tus ansias asesinas han conseguido exactamente lo contrario a lo que te proponías. En el único momento en que me permitiste elegir, decidí salvarme. Y ahora respiro. Y mis pulmones están henchidos, y mis ojos limpios y mi pulso es firme.
He escuchado voces amigas llamándome desde la superficie, pero si decidí empezar a deshilachar los cabos de tus cuerdas, fue por mí. Para mí. Y así poder flotar en la superficie. Y dejar que los rayos del sol me cieguen de nuevo, y que las piedras que alguien tire al agua provoquen olas que me lleven a donde ellas quieran.
Porque allí ya no estarás tú. Allí, sólo seré yo.

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